Esteban Gallardo...cuando México llega a la hora cero, su bate contesta


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| 03 de Octubre 2026

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Hay jugadores que aparecen mucho en las estadísticas y hay otros que tienen una extraña costumbre: aparecen cuando el juego más los necesita. En este Mundial Sub-15, México tiene uno de esos muchachos. Se llama Esteban Gallardo y tiene apenas 15 años.

Pero hay algo en Gallardo que a mí me interesa particularmente. Yo trabajo la preparación psicológica con peloteros y, por eso, cuando observo estos juegos no miro solamente el resultado de un turno. Miro también el momento, porque batear con una ventaja cómoda no es psicológicamente lo mismo que hacerlo cuando un swing puede decidir si tu equipo sigue vivo o se va derrotado, Y Gallardo ha aparecido precisamente ahí.

Contra República Dominicana, última entrada, juego empatado, bases llenas. Gallardo da el batazo que deja a Dominicana en el terreno.

Después llegó Japón. México perdía 1-0 y Gallardo conectó un doble para empatar el juego. Y no terminó ahí: más adelante volvió a aparecer, esta vez con un jonrón que puso a México arriba 4-3. México terminaría perdiendo aquel tremendo partido 5-4, pero Gallardo había vuelto a enseñar la cara en los momentos importantes.

Después Cuba: juego empatado 4-4, sexta entrada. Otra vez aparece Gallardo, Hit, carrera impulsada y México termina ganando 5-4.

Pero entonces llegó Estados Unidos y la presión alcanzó otro nivel. México perdiendo 1-0, séptima entrada, dos outs, una bola y dos strikes.

A UN STRIKE DE PERDER.
Ahora pónganse por un segundo en el lugar de ese niño. Quince años, un Mundial, Estados Unidos enfrente, dos outs, dos strikes, tu equipo perdiendo y prácticamente ningún margen para equivocarte.

Ahí es donde Gallardo me interesa incluso más que por el doble que conectó. Bajo presión la respiración puede acelerarse, aumenta la tensión muscular, la atención puede dispersarse y el bateador puede comenzar a pensar en el resultado antes de que llegue la pelota.

Gallardo hizo algo fundamental: se quedó en el turno.

Vio la pelota, lucho el lanzamiento y empató el juego.

No sabemos qué tipo de preparación psicológica específica ha recibido, si ha existido algún trabajo profesional en ese sentido o si esa capacidad se ha ido formando de manera natural con su personalidad, su familia, sus entrenadores y sus experiencias competitivas. Pero sí podemos observar una cosa: este niño está respondiendo extraordinariamente bien bajo presión.

Una vez puede ser casualidad. Cuando sucede contra Dominicana, Japón, Cuba y Estados Unidos, ya merece atención.
Y aquí hay algo importante, especialmente cuando hablamos de niños de 14 y 15 años: la fortaleza mental no siempre se manifiesta de la misma manera.

A veces aparece con el batazo decisivo, como está ocurriendo con Gallardo. Otras veces aparece de una forma mucho más silenciosa.

Ahí está, por ejemplo, Rodrigo López, “El Titán”.

Su bate todavía no ha producido en este Mundial todo lo que sus enormes habilidades permiten, pero hay un detalle que no debería pasar inadvertido: ha seguido luchando sus turnos, haciendo contacto y evitando que la frustración lo saque completamente de su juego.

Y para quienes conocemos lo que ese muchacho puede hacer con un bate, eso también dice mucho.

En béisbol hay momentos en que el resultado tarda en llegar aunque el jugador siga haciendo cosas correctamente. El peligro aparece cuando el muchacho empieza a perseguir desesperadamente ese resultado y termina abandonando precisamente aquello que sabe hacer.

A veces un buen bateador no necesita cambiar nada.
Necesita un turno.

UNO.
Porque el béisbol tiene esa extraña costumbre de guardar durante varios días lo que parece deberte, y devolvértelo todo en un solo swing.

Pero hoy la historia pertenece a Esteban Gallardo.
Porque Gallardo no ha aparecido una vez.
Contra Dominicana, cuando México lo necesitó, apareció.
Contra Japón, empató el juego y después volvió a poner a México arriba con un jonrón.
Contra Cuba, volvió a aparecer.

Y contra Estados Unidos, con dos outs, dos strikes y México a uno de perder
otra vez Gallardo.

Eso no significa que México sea un solo jugador. Para que exista una carrera impulsada alguien tiene que llegar a las bases. Para mantenerse vivo hasta las últimas entradas alguien tuvo que lanzar, fildear, correr y sacar outs. Esta selección está haciendo un trabajo colectivo extraordinario.

Pero el béisbol tiene momentos cruelmente individuales. Instantes en los que nadie puede entrar contigo al cajón de bateo.
Y Gallardo ya ha estado varias veces ahí.
Solo con el bate, con la presión y con México esperando.

Tiene 15 años. No hace falta convertirlo ahora en una estrella ni colocarle encima una mochila que no le corresponde. Déjenlo crecer, equivocarse y aprender.

Pero tampoco tengamos miedo de reconocer lo que estamos viendo.
Esteban Gallardo tiene algo muy interesante en su manera de jugar
Porque la técnica importa. El talento importa. La preparación física importa muchísimo.
Pero tarde o temprano llega un momento en que la pelota quema.
Y ahí descubrimos otra parte del pelotero.

Gallardo ya encontró varias veces ese momento en Mérida.
Otros todavía lo están buscando.

Y cuidado...
porque a veces el bate que lleva varios días callado es precisamente el que tiene preparada la próxima historia.
Mientras tanto, cuando el reloj de México marca la hora cero, hay un nombre que se está repitiendo.

ESTEBAN GALLARDO.
Quince años.
Dominicana.
Japón.
Cuba.
Estados Unidos.
Cuatro rivales, cuatro momentos en los que su bate tuvo algo que decir.
Y hasta ahora, cada vez que el juego le ha preguntado:
“¿Estás ahí?”
Gallardo ha contestado:
PRESENTE.

(Tomado de Michel Miguel)

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