Barcelona, (Tomado de lavanguardia).- Todos los palacios vuelven a estar ocupados. Las familias reales también hacen vacaciones, aunque para algunos eso no significa aparcar sus funciones sino llevar al mínimo su presencia oficial dejando libre la agenda, ya que ser rey o príncipe en ejercicio no es sólo un trabajo sino también un destino.

El verano ha sido siempre el tiempo apropiado para ofrecer imágenes informales de las familias reales. Una tradición que tenía más sentido cuando lo que se pretendía era humanizar la imagen de la realeza y se aprovechaban las vacaciones para acercar la monarquía a la sociedad, mostrando su cara más informal. En estos tiempos en los que reyes y príncipes, sobre todo los de las nuevas generaciones, han dejado el armiño en el armario y es habitual verlos, en sus salidas privadas, en tejanos y con zapatillas de deporte, las vacaciones ya sólo son la ocasión propicia para cumplir con lo que para muchos es una obligación oficial más: el ritual de los posados familiares de verano y, después, intentar desaparecer del mapa.

Todas las familias reales tienen una residencia de verano. La más famosa es la de Balmoral, en Escocia, donde la reina Isabel de Inglaterra se instala entre junio y septiembre, y la más cuestionada la de Marivent, que de ser la Zarzuela de verano ha pasado a ser lugar de paso, una especie de escala técnica antes de partir a un destino desconocido. Don Felipe y doña Letizia abandonaron Mallorca el 8 de agosto y, tras pasar unos días en Madrid, realizaron un viaje, entre el 13 y el 20 de agosto, fuera de España que algunas fuentes localizan en las costas de Croacia. Siguiendo la norma de años anteriores, la Zarzuela no ha informado del destino de los Reyes, del que sí se da cumplida cuenta al presidente del Gobierno, aunque esté en funciones.

Las nuevas generaciones de royals, influidas quizá por las costumbres burguesas de sus recientes incorporaciones , ya no se conforman con trasladarse a los palacios de verano, normalmente alejados del ruido capitalino y caracterizados por la relajación del protocolo. Ahora, esos escenarios sólo sirven para reunir a la familia unos días y permitir que los más jóvenes puedan, luego, desaparecer. Las monarquías europeas, excepto la española por su posición geográfica, siempre han combinado su estancia en los palacios de verano con sus escapadas al sur de Europa. No hacían nada que no hicieran los ciudadanos. La reina Beatriz de Holanda, como hizo su madre, Juliana, se escapaba a la Toscana, concretamente a Tavarnelle di Pese, pero los actuales reyes, Guillermo y Máxima, prefirieron comprar una villa en la localidad griega de Kranidi, en el Peloponeso. Este año, sin embargo, los reyes de los Países Bajos, tras posar en su residencia de Wassemar, al norte de país, viajaron a Argentina para pasar unos días con la familia de Máxima antes de desplazarse hasta Río para disfrutar, junto a sus hijas, Amalia, Alexia y Ariadna, de los Juegos Olímpicos.

También los príncipes herederos de Dinamarca, Federico y Mary, y sus cuatro hijos, Christian, Isabel, Vicente y Josefina, pasaron unos días, junto a la reina Margarita, en el palacio de Grasten, en Jutlandia, y luego partieron a Río de Janeiro, donde igualmente viajaron los príncipes Joaquín y María. La reina Margarita, como hace desde que se casó con el diplomático francés Enrique de Monpezat, viajó hasta el castillo de Cayx, ubicado en la finca de Cahors, en la Occitania francesa. Allí disfruta calzando sandalias anatómicas con calcetines y comprando frutas en el mercado local.

El sur de Francia también es el destino de la familia real sueca, al menos de los reyes y la princesa heredera, obligados a dar cuenta de su paradero. Tras posar con todos los hijos, yernos y nuera y los nietos en la residencia de verano de Soliden, Carlos Gustavo y Silvia viajaron a su finca en Saint Maxime, cerca de Saint Tropez, que también ha usado en otro periodo la princesa Victoria con su marido, Daniel, y sus hijos Estela y Óscar. La finca, con varias casas, fue propiedad del príncipe Bertil de Suecia, que la legó a sus sobrinos.

Los reyes de Bélgica, que normalmente alternan su residencia de verano del castillo de Ciergnon, muy cerca del parque natural de las Ardenas, con su casa en la isla francesa de Yeu, han viajado este año al Piamonte italiano. Pero para la foto del verano, eligieron el recién estrenado museo del Cómic de Bruselas, donde posaron junto al célebre cohete de Tintin, uno de los iconos belgas.

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