Por José Eduardo Solís
Río de Janeiro, Brasil

El mexicano Eduardo Ávila, consiguió oro en judo para la delegación nacional en los Juegos Paralímpicos de Río 2016, derrotando al judoka de Corea, Jungmin Lee.

Fue este viernes nueve del presente mes cuando el joven Ávila se impuso al coreano Lee en la categoría de 81 kilogramos. El distintivo paralímpico sería suyo.

Pero, a pesar de sus triunfos, las cosas han sido difíciles para Eduardo Ávila, quien desde hace once años dedica su vida al judo en esta modalidad.

El atleta ha sido cuestionado por su condición de la vista, ya que aunque puede ver  –entre sombras– compite con rivales que padecen de una ceguera total.

Entrenadores y contrincantes, tanto nacionales como internacionales, se han quejado porque Eduardo contiende por medallas y consideran como ‘ventajoso’ el hecho de que éste no tenga una nula visión en sus ojos.

Ávila conduce su automóvil y camina por las calles sin ningún apoyo. Situaciones así, son motivo para recibir críticas, pese a ello, Eduardo no siente complejos pues el reglamento de los juegos le ha permitido concursar.

El atleta mexicano, actual monarca mundial de judo, obtuvo la segunda medalla de oro para México en lo va que de la naciente competencia paralímpica.

En la jornada inaugural, la veracruzana María de los Ángeles Ortiz se llevó la primera. Más tarde, Luis Zepeda se colgaría otra, de plata, en lanzamiento de jabalina.

Con estas tres placas metálicas, México queda ubicado hasta el momento, en lo posición número doce del medallero paralímpico de Brasil.

La justa apenas comienza y nuevas historias serán escritas en, lo que para muchos es, una competencia digna de admirarse.

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