Por : Luis Antonio Sosa Von Putlitz

Hace mucho tiempo que América y Chivas no ofrecían un choque digno de la expectativa que generan los equipos más laureados de México. Y la noche de este domingo vaya que ambos cumplieron. El Rebaño quería terminar de echarle a perder su Centenario al América, y los azulcremas no anhelaban otra cosa que la revancha. Pero un solitario gol de Oribe Peralta dio el triunfo a las Águilas y, por fin, su afición podrá soñar con festejar en grande.

Los aficionados tenían mucha ilusión respecto a este Clásico, y con razón: el nivel de juego mostrado por los dos equipos fue bastante bueno, y tan pareja estaba la situación que ambos sumaron la misma cantidad de puntos (28) durante la fase regular. Y por si fuera poco, el América había sufrido la derrota en sus enfrentamientos previos con Chivas, tanto en liga como en las semifinales de la Copa MX.

Y esa paridad de fuerzas que se hacía visible en la tabla general, también se pudo observar en el terreno de juego del Estadio Chivas. Aunque el Rebaño dominó el balón la mayor parte del tiempo, le costaba trabajo vulnerar a la bien plantada defensa americanista. Y lo mismo fue para las águilas, que pasaban con dificultades a los zagueros del Rebaño.

Pese al buen trabajo defensivo, sí hubo llegadas de peligro y emociones. Y sobre todo, hubo mucha intensidad. El balón se disputaba con fuerza, hasta el punto en que por momentos el partido se calentó y los jugadores se hacían de palabras.

También hubo mucha rapidez en la cancha. Rapidez en el juego debido a las características de ambos planteles, llenos de jugadores habilidosos que poseen gran manejo del balón. De parte de América, fue Quintero el que más desequilibrio generó. Mientras que del lado de Guadalajara, Cisneros fue uno de los que tocó la puerta rival con disparo desde un costado del área que por poco y se vuelve golazo al minuto 41.

En el segundo tiempo, Quintero y Renato Ibarra continuaron siendo los hombres clave del ataque azulcrema, así como Cisneros e Isaac Brizuela fueron los generadores de peligro para Guadalajara.

Poco tiempo había pasado desde que inició el segundo tiempo cuando, de manera un tanto fortuita dado que en esos momentos el América no estaba teniendo llegada, Oribe Peralta conectó un gran centro que llegó desde tiro de esquina y mandó la bola al fondo de la portería, dejando sin posibilidad alguna a Rodolfo Cota. Corría el minuto 55 cuando un silencio incómodo cayó sobre las gradas del Estadio Chivas, ante el gol americanista.

Los papeles se invertían. Ahora el necesitado era Chivas pues sabían que un gol les bastaba para ponerse de nuevo en semifinales, pero corrían el riesgo de recibir otra anotación americanista si abrían demasiado el ataque.

Éste fue el escenario que se proyectó para los argentinos Almeyda y LaVolpe, quienes acomodaron sus piezas acorde a una situación futbolística que prometía arrancar muchas emociones y gritos a los aficionados.

América se ordenó para defender su ventaja e intentar anotar el gol que les asegurara el pase, y Guadalajara tomó una actitud mucho más ofensiva al cambiar a Gullit por la ‘Chofis’ López, jugador promesa del Guadalajara que ya es conocido por el desequilibrio que puede generar en las defensas rivales.

Pese a que el juego no perdió intensidad, ya no fueron tantas las jugadas de peligro que se generaron. En buena medida, se debe a que América logró un orden defensivo como hace mucho no se le veía. La muralla azulcrema pudo frenar los embates de un Rebaño que nunca dejó de insistir, pero que tuvo falta de imaginación al ataque.

Ya para el silbatazo final, cumplidos los cuatro minutos de tiempo agregado, Chivas tuvo una oportunidad en tiro de esquina pero simplemente no pudo aprovecharla. De ese modo terminó un Clásico que pasará a la historia no sólo por el contexto en que se disputó, sino porque revivió la pasión por un encuentro que, últimamente, poco tenía de rivalidad.

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